A propósito de la película El maestro que prometió el mar

A Antoni Benaiges, maestro del pueblo, se lo llevaron al monte y cara al sol las pistolas del fascismo le dieron un tiro en la nuca. Tenía veintitantos años y una enorme pasión por su trabajo. Por eso llevó la vida al centro del aula y desde la vida enseñaba a pensar. Hizo de la escuela un lugar apropiado, es decir, un espacio propio, de los niños y de las niñas, un lugar apacible y tranquilo en el que se sentían felices aprendiendo y enseñando. Puso la magia de la imprenta al servicio de las palabras de los niños y enseñaba a bailar tanto como a sumar o multiplicar o escribir sin faltas de ortografía.
